Principios de una economía postcapitalista » Cibcom
economy, capitalism, communism, comunismo, planificación económica, cibercomunismo, planned economy
15919
post-template-default,single,single-post,postid-15919,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-16.7,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,disabled_footer_bottom,wpb-js-composer js-comp-ver-5.5.2,vc_responsive

Principios de una economía postcapitalista

Asociation for the Design of History

Haz clic aquí para visualizar o descargar este artículo en formato PDF.

NOTA DEL TRADUCTOR: ADH [Asociation for the Design of History] es un grupo de investigación y difusión de las ideas socialistas, cuyos pilares son, en sus propias palabras, “la racionalidad, la planificación y el progreso”, y con el que nos sentimos ampliamente identificados en metodología, intereses y objetivos.

INTRODUCCIÓN

La economía de mercado capitalista es un proceso caótico en el que los productores individuales compiten entre sí sin planificación colaborativa. El capitalismo produce una sociedad muy desigual; pero la falta de coordinación también provoca crisis económicas, ineficiencias y degradación del medio ambiente. Las empresas individuales tienen como objetivo maximizar el beneficio individual, mientras los intereses humanos son completamente ignorados si están en conflicto dicho objetivo supremo. Si en otros lugares discutimos el sistema económico capitalista a detalle, ahora queremos dedicarnos a la búsqueda de una forma alternativa de organizar la economía. Los movimientos socialdemócratas, anarquistas y comunistas del pasado sólo han pensado en el socialismo como algo radicalmente diferente y significativamente más justo. En ADH [Asociation for the Design of History] queremos demostrar cómo el socialismo podría funcionar en la práctica, sin provocar ineficiencias económicas o colas para comprar pan.

FUNDAMENTOS SISTEMÁTICOS

En una economía social, la sociedad en su conjunto tiene control sobre el uso y rendimientos de los recursos productivos. Esto es lo que la define. La producción y otras formas de actividad económica están organizadas mediante instituciones sociales que están bajo control democrático. Mientras los robots y la IA no permitan una completa automatización, seguiremos dependiendo de la fuerza de trabajo de los individuos para producir riqueza social. A cambio, los individuos tendrán acceso a una parte del producto social, ya sea en forma de bienes para el consumo individual o mediante el acceso a los servicios públicos.

Una organización socializada de la economía no reduce necesariamente el grado de elección individual. En la sociedad socialista que imaginamos, los individuos decidirán en qué forma quieren contribuir a la producción social y en qué forma quieren participar de su producto. La tarea de la planificación social consiste en agregar las necesidades y preferencias individuales a un plan común, y asegurar que las necesidades de todos se tengan en cuenta en la mayor medida posible.

MANO DE OBRA Y PAGA

A diferencia de la economía de mercado, la economía social no se basa en los principios de la propiedad privada y el intercambio. Por lo tanto, no existirá el dinero, que sirve como medio de intercambio universal bajo el capitalismo. Ahora bien, no es factible permitir, simplemente, que cada individuo consuma a su gusto y sin límite. Esto llevaría a un dispendio masivo. Por esta razón, proponemos la introducción de una unidad alternativa que llamamos “Créditos”. Los créditos representan el derecho a cierta porción del producto social y pueden utilizarse para adquirir bienes de consumo personal. A diferencia del dinero, estos créditos no se intercambian por los bienes de consumo, sino que se canjean y se eliminan, de manera similar a como se hace con un vale o una entrada de teatro. La sociedad da un número de créditos y luego procede a borrarlos una vez que han sido utilizados. La adquisición de unos bienes u otros depende, en principio, de los individuos.

Las personas demasiado viejas, demasiado jóvenes o demasiado enfermas para trabajar recibirán, por supuesto, créditos, sin más condiciones. Sin embargo, es necesario vincular la concesión de créditos a la participación laboral de quienes están en condiciones de trabajar. Más allá de fantasías utópicas, sólo así puede asegurarse una provisión suficiente de mano de obra. La provisión de esta mano de obra es necesaria para la producción de la riqueza social y su carga debe ser dividida entre todos de la forma más equitativa posible. Cuanta más mano de obra pueda sustituirse por tecnología, más horas de trabajo podrán ser reducidas para todos.

Para permitir a las personas una libre elección de su profesión (dentro de los límites de sus capacidades), al tiempo que se asegura la ejecución de todas las tareas requeridas, es necesario crear incentivos. Las formas de trabajo menos agradables, pero necesarias, tienen que ser más atractivas para asegurar que se hacen. Esto no requiere, necesariamente, la promesa de una participación mayor en la riqueza material; en cambio, podrían hacerse más llamativos reduciendo sus jornadas de trabajo. Si se conoce el número total de horas necesarias para trabajar en una determinada profesión, entonces este tiempo (T) debe ser igual al tiempo de trabajo por trabajador (t) multiplicado por los trabajadores de la profesión (n): T=t×n.

Si la libre elección de la profesión condujera a T>t×n, entonces una posibilidad obvia sería aumentar la compensación para motivar a más trabajadores a elegir esta profesión, y así aumentar n. Pero una disminución de t, podría tener un efecto similar. El número de trabajadores (n) se incrementará debido a las menores horas trabajadas por persona. Pero las jornadas más cortas también harán que más gente esté dispuesta a proporcionar su fuerza de trabajo para este tipo de trabajo en particular, en lugar de otro. Si esta medida basta para persuadir a suficientes trabajadores, entonces una distribución desigual de los bienes de consumo se hace innecesaria.

Este principio no sólo garantiza que se realice el trabajo necesario, sino que también permite una distribución justa de la carga de trabajo. Después de todo, esta carga no sólo debería estar determinada por el tiempo de trabajo, sino también por el tipo de actividad emprendida. Según nuestra propuesta, podría darse el caso de que algunos trabajadores tengan trabajos más desagradables, pero esto se compensa con menos horas.

CONSUMO INDIVIDUAL

En la sección anterior introdujimos la idea de los créditos canjeables por bienes de consumo. La pregunta ahora es cuál habría de ser el «precio» de estos bienes de consumo. ¿Cuántos créditos tendrían que canjearse por una manzana? ¿Cuántos por un PC? La intuición nos dice que un ordenador debería costar más que una simple manzana, ya que su producción requiere mucho más esfuerzo. Pero, ¿cuánto más? Dado que los precios, como se explicará más adelante, son, por razones de retroalimentación, un instrumento de control muy importante dentro de nuestro modelo, no pueden determinarse simplemente al azar.

En primer lugar, debemos conseguir que la suma de todos los precios de los bienes de consumo sea igual a la suma de los créditos emitidos para su compra, de lo contrario los bienes de consumo o los créditos quedarán sin utilizar. Si el nivel de los precios es demasiado alto, entonces los consumidores no podrán permitirse todos los bienes. Algunos productos permanecerán sin usar sin una buena razón. Si el nivel de los precios es demasiado bajo, entonces surgen otros problemas innecesarios. Los consumidores podrían tener créditos sobrantes, pero sin productos por los que canjearlos. Como en el «socialismo real», los consumidores se enfrentarían a estanterías vacías. Los créditos perderían su función redistributiva y otros principios, como por ejemplo el racionamiento, tendrían que ocupar su lugar.

Para evitar tanto el desperdicio como la escasez de ningún bien de consumo, debe utilizarse el principio de precios de equilibrio [market clearing prices]. El precio de equilibrio es aquel al que se compran todos los productos y todos los consumidores dispuestos a canjear este número de vales por el producto pueden hacerlo. El precio de equilibrio será constantemente redeterminado en un proceso dinámico, comparando constantemente la tasa de consumo con la tasa de producción. Si se descubre que los estantes se vacían más rápido de lo que pueden ser repuestos en los niveles actuales de producción, entonces el precio debe ser aumentado. Si los productos permanecen en las estanterías sin ser utilizados, entonces los precios deben ser reducidos para disminuir las trabas al consumo. El uso de los precios de equilibrio asegura que los productos van hacia aquellos consumidores que, por su disposición a pagar el precio más alto, demuestran un mayor interés por los mismos. A diferencia del capitalismo, la economía social distribuye el poder adquisitivo de forma más o menos equitativa. Por esta razón, podemos asumir que la «demanda» refleja con mayor precisión las necesidades reales de las personas. Bajo una distribución desigual, a menudo se da el caso de que las necesidades de algunas personas son urgentes, pero no se tienen en cuenta porque tienen poco o ningún dinero.

Los precios de equilibrio también indican si se debe aumentar o disminuir la producción de un determinado bien. Si muchas personas están dispuestas a canjear una gran cantidad de créditos por un producto, esto indica que una expansión de la producción está justificada. Pero si los precios son bajos, entonces significa que no se pueden encontrar suficientes personas dispuestas a canjear sus créditos por el producto en cuestión, lo que significa que el alcance actual de la producción es injustificado. Los recursos deberían ser utilizados en otro ámbito, o incluso podría reducirse el trabajo necesario, lo que implicaría reducir las horas de trabajo de toda la población. Esto plantea la cuestión de lo que significa que el precio de un producto sea “alto” o “bajo”. ¿Con qué precio se debe comparar el precio equilibrio para determinar si el nivel de producción es demasiado alto o demasiado bajo? En la terminología de la teoría del control, el precio de equilibrio es el “valor actual”, ya que es el valor con el que se venden los productos en este momento. Lo que no hemos determinado es el “punto de ajuste” o “valor de referencia”, en torno al cual deben regularse los precios de equilibrio para ajustar los niveles de producción.

El valor de referencia debe ser ciertamente diferente para un ordenador que para una manzana. La razón es que al producir un ordenador se utiliza más capacidad productiva que en la producción de una simple manzana. Por un lado, un ordenador y una manzana requieren cantidades desiguales de mano de obra en su producción; por otro, su producción requiere cantidades variables de recursos disponibles limitados. Se trata de recursos naturalmente escasos como las tierras fértiles, pero también de máquinas o componentes que tardan mucho tiempo en producirse y cuya disponibilidad es limitada. También hay que tener en cuenta las limitaciones deliberadas de ciertos procesos productivos, por ejemplo, por razones ambientales. Los bienes cuya producción genera más emisiones de carbono deberían tener un precio más alto para alentar a los consumidores a gastar sus créditos en productos menos perjudiciales para el medio ambiente. Nuestra tarea consiste entonces en determinar una unidad que refleje adecuadamente todos estos factores que limitan la expansión de la producción, en base a las circunstancias actuales. La existencia y computabilidad de tal unidad fue demostrada con éxito por el matemático y economista Leonid Kantorovich, quien fue galardonado con el premio Nobel de economía en 1975 por sus contribuciones a la economía matemática. Estos valores objetivamente determinados están estrechamente vinculados a la determinación de un plan de producción óptimo y, por lo tanto, se examinarán más adelante. En este punto simplemente observaremos que estos valores determinados objetivamente pueden utilizarse como nuestro «punto de ajuste» o «valor de referencia». De esta manera, los precios de los productos se regulan de tal manera que los que requieren recursos más limitados, más mano de obra y más degradación ambiental, se costean más alto. El consumo de estos productos se limitará a los casos en los que más se necesiten. Sólo esos casos justifican tal uso los recursos y mano de obra. Se incentivará a los consumidores a elegir artículos que requieran menos recursos productivos.

CONSUMO SOCIAL

El proyecto planteado de una economía alternativa no sólo se distingue por una organización de la producción, sino también por un papel central del consumo social o público. Hasta ahora, sólo hemos considerado el consumo individual, pero en muchas áreas de la vida una organización social del consumo final es más deseable por razones económicas, políticas o ambientales. Los costos serán sufragados por la sociedad, mientras que el uso estará disponible gratuitamente para todos o será proporcional a la necesidad. Hay muchas áreas en las que esto tiene sentido: el transporte público, la sanidad, la educación y el acceso al arte y a los productos digitales reproducibles. Para que estos productos sean posibles, los créditos emitidos individualmente no pueden corresponder a la totalidad del producto social. Una parte de este debe ser reservada por la sociedad mediante una especie de impuesto, para que recursos y mano de obra puedan ser utilizados en estos gastos públicos.

Cuántos recursos llegarán a destinarse a cada sector, como la educación o la sanidad, es una decisión política que tendrá que tomarse democráticamente. Sin embargo, en algunos casos tiene sentido que las decisiones no se tomen por decreto mayoritario, sino en proporción a la gente interesada. Cada persona puede tener un cierto número de créditos a su nombre que no están disponibles para el consumo personal, pero que pueden ser asignados a un proyecto público de libre elección. Esto sería una forma institucionalizada de crowd-funding. Si en una región dada el 60% de la población disfruta del fútbol, mientras que el 40% de la población prefiere los deportes acuáticos, entonces no todos los fondos públicos se destinarían a apoyar el fútbol como podría resultar de una votación mayoritaria. En su lugar, el 40% de la gente usaría sus créditos «públicos» para el desarrollo de instalaciones de deportes acuáticos comunales, lo que significa que los intereses de esta minoría no serán ignorados por completo. El hecho de que algún individuo haya dedicado sus créditos públicos a los campos de fútbol o a las piscinas no quita que el acceso que se conceda a todas las personas de forma gratuita.

Hay varias razones por las que el acceso a las diversas instalaciones y servicios públicos debe ser gratuito. Uno de los casos es el tratamiento de los enfermos y heridos. Otro caso es el transporte público. Existe un interés público en asegurar que las personas utilicen medios de transporte que no congestionen excesivamente las carreteras y el espacio aéreo, a la vez que evitan un impacto negativo en el medio ambiente. Desde el punto de vista económico, las instalaciones y servicios no suelen utilizarse a plena capacidad, por lo que su uso adicional no aumenta el costo. Observa un autobús a lo largo de su ruta y comprobaras que, durante la mayor parte de su viaje, la mitad de los asientos están vacíos. Desde una perspectiva social, hay pocas razones para negar el acceso a personas que no están dispuestas a pagar un billete.

Este argumento es particularmente fuerte en el caso de productos digitales como software, películas y música. Las descargas adicionales no se traducen en un costo adicional. Los economistas dirían que el costo marginal de la producción es cero. En una economía social es posible proporcionar recursos para el desarrollo inicial de estos productos a través de medios públicos, por ejemplo, mediante el crowd-funding institucionalizado y luego hacer que la descarga de estos productos esté disponible de forma gratuita. Para la parte de la financiación del crowd-funding podría haber un portal en línea, análogo al sitio web Kickstarter. Así, se podrían presentar varios proyectos en el portal y cada uno decidiría libremente a cuál quiere apoyar con sus créditos públicos. Sin embargo, a diferencia de Kickstarter, los proyectos no tendrían que depender de la caridad desinteresada: una cierta parte de los créditos de cada persona serían, exclusivamente, para el financiamiento de tales proyectos públicos. El modelo esbozado permitiría a los artistas y desarrolladores acceder a los recursos necesarios para sus proyectos; al mismo tiempo, el producto terminado estaría disponible para todos, gratuitamente. Además, se garantiza que los recursos para el desarrollo se distribuyan en correspondencia con las necesidades e intereses de la población.

PLANIFICACIÓN RACIONAL DE LA ECONOMÍA SOCIAL

Hasta ahora, hemos considerado principalmente los bienes de consumo. Sin embargo, una parte importante de los productos no está destinada al consumo, sino a la producción de otros productos. Esto incluye los productos intermedios, la maquinaria, las materias primas para su posterior procesamiento, etc. Detrás de la producción de bienes de consumo a la que apunta la economía social hay una gigantesca red de cadenas de producción. Muchos de los bienes de esta red pueden tener usos en la fabricación de una amplia gama de productos. Para algunos hay más de un método de producción y cada uno requiere diferentes tipos y cantidades de maquinaria o materias primas. ¿Cómo puede este complejo e integrado proceso de producción organizarse sin el uso de dinero y mercados?

Para determinar la utilización óptima de los recursos disponibles se pueden considerar diversos métodos de economía de input-output. La economía de input-output no se ocupa del valor monetario de los productos, sino de las entradas y salidas físicas del proceso de producción de materiales. Uno de los métodos disponibles para el establecimiento de un plan de producción universal para toda la economía es la optimización lineal (asistida por ordenador). Teniendo en cuenta los insumos necesarios de los diversos procesos de producción viables y las limitaciones adicionales que podría representar, por ejemplo, la disponibilidad limitada de recursos, se puede calcular el plan de producción que maximiza una función de producción específica. Esta función de producción describe la cantidad de productos finales que se producirán según el plan.

Los productos finales se producen en proporciones predeterminadas. Por ejemplo, se podría especificar que se deben producir cuatro veces más sillas que mesas. El plan óptimo es el plan que maximiza la producción total para estas proporciones.

Un plan de producción óptimo corresponde a ciertas valoraciones determinadas objetivamente para todos los productos. Estas valoraciones determinadas objetivamente se definen de manera que cada empresa maximiza su “beneficio”, es decir, la diferencia de valor entre productos e insumos, al adherirse al plan óptimo. Así pues, los valores reflejan la medida en que diversos productos constituyen una limitación de la expansión ulterior de la producción; ya sea porque contienen una cantidad significativa de mano de obra, o porque contienen recursos cuyo uso está limitado de manera natural o intencional (por ejemplo, por razones ambientales). Por un lado, el valor generado puede utilizarse como punto de ajuste o valor de referencia para el mecanismo de control descrito anteriormente, por otro lado, también puede utilizarse como guía para ingenieros, arquitectos o gerentes a los que se les encomiende minimizar el costo de algún diseño o proceso económico.

Las proporciones en las que se producirán los diversos productos se deciden por el mecanismo de precios que hemos discutido anteriormente. Si la proporción entre los precios de equilibrio de las sillas respecto a su valoración determinada objetivamente es mayor que la proporción correspondiente a las mesas, las proporciones del objetivo tienen que ajustarse para que se produzcan más sillas. El método de optimización lineal puede entonces utilizarse de nuevo para asegurar que se genere el máximo producto en las proporciones dadas y que las capacidades de producción no se utilicen de manera ineficaz. Si resulta que con un uso óptimo de los recursos se produce más de lo necesario, las restricciones laterales del problema de optimización pueden ser ajustadas. Esto podría implicar restricciones ambientales más estrictas o jornadas de trabajo más cortas, para que todos puedan disfrutar de más tiempo libre.

NUESTRA POSICIÓN

Aspiramos a una economía social organizada según los principios socialistas, en la que el proceso económico se controla racionalmente y en interés de la humanidad. Las cargas laborales deben ser evitadas en la medida de lo posible y el bienestar material de todos debe estar garantizado. El impacto ambiental y social de la actividad económica ya no se aceptará a ciegas, sino que se pondrá bajo control consciente y democrático. Como cualquier forma de organización social, esta economía socialista asistida por ordenadores trae consigo diversos problemas relacionados con la distribución de los recursos y la planificación de la producción. El enfoque que hemos presentado aquí tiene por objeto demostrar la posibilidad de encontrar soluciones racionales a estos problemas. Nuestras ideas deben, por lo tanto, considerarse como un plan muy aproximado para una sociedad socialista, que debe seguir desarrollándose mediante el debate público y el análisis crítico.

cibcomorg
cibcomorg@gmail.com
Sin comentarios

Publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.