Fully Automated Luxury Communism: A Manifesto - Cibcom
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Fully Automated Luxury Communism: A Manifesto

Aaron Bastani

Verso Books

Reseña por Iván López Navarro

Nemo tenetur ad impossibile”

Principio jurídico cuya traducción sería, que nadie está obligado a cumplir con lo imposible.

Creating communism before the Third Disruption is like creating the flying machine before the Second”

Aaron Bastani “Fully Automated Luxury Communism”.

Un departamento de publicidad para el ciber-comunismo

A la hora de criticar una obra hay que identificar primero sus pretensiones, para después determinar en qué grado las alcanza y no quedan en una lejana retaguardia respecto a éstas.

Bastani, firma habitual en The Guardian, ha publicado un libro relevante por lo siguiente; el debate que pone en la mesa y la denominación ideológica e institucional (nunca usada aquí de forma peyorativa) a la que se le otorga la solución del problema.

Al subtitularlo “Un manifiesto”, su pretensión es más plantear marcos a la hora de solucionar problemas reales, que un profundo trabajo sobre sus soluciones técnicas. Un manifiesto, es intrínseco a su género, tiende a ser vago en sus propuestas y como mucho llega a ser una plataforma para afrontar un problema desde otras perspectivas.

El problema a solucionar en Full Automated Luxury Communism (en adelante FALC, tanto la propuesta como el libro) son las cinco crisis que están a punto de solaparse: climática, recursos, envejecimiento, extensión de la pobreza y una incalculable destrucción de empleo como consecuencia de la robotización. Bastani considera que las soluciones ya se han materializado a través del avance tecnológico y la tercera disrupción tecnológica, los datos. Sin embargo, Bastani no entra a rebatir cómo el mecanismo de asignación mercantil puede ser superado con el uso del big data, internet, superordenadores, transmisión de datos al instante, internet de las cosas…Eso sí, reconoce como la economía está de facto planificada en muchos de los modelos de gestión transnacionales tales como Amazon o Walmart.

Bastani en su proyección teórica está más cerca de las obras de Jeremy Rifkin y Paul Mason, que por ejemplo de Paul Cockshott. Muchos de sus postulados provienen de un grupo de optimistas tecnológicos conocido como aceleraciónistas. Creadores de una nebulosa teoría política social a la que pertenecen, o han pertenecido, teóricos de diferentes disciplinas como Nick Land o Mark Fisher. Y nebuloso porque Deleuze o escritores de ciencia ficción como J. G Ballard o William Gibson, nombres recurrentes en sus disertaciones, no poseen un cuerpo teórico a tener en cuenta para la solución de las cinco crisis planteadas. Aunque sí excelentes obras de ficción adelantadas a su época, rompedoras y a la par disfrutables. Sobre el filósofo francés, ni voy a entrar a valorar un corpus teórico, que personalmente, considero inane a todos los niveles.

El máximo logro de Bastani es un título provocador. Un slogan contundente y atractivo. Es un Malcolm Mclaren del ensayo en su vertiente “popular”. Y hay que otorgarle a Bastani ese mérito, ya que no es suficiente con tener la razón y un plan, hay que saber hacerlo atractivo para una mayoría. Este libro no va dirigido a economistas, politólogos, sociólogos, científicos o juristas, sino a legos en esas ramas del saber. Y personalmente eso lo considero un logro de bastante valor. Podría estar en los estantes del kiosco de cualquier estación de tren, su tono, sencillo y divulgativo, está pensado para ocupar ese lugar.

Bastani nunca usa la denominación comunismo en el sentido que suelen los medios y politólogos mainstream, y él escribe en uno de ellos. Defiende que lo que entre 1917 y 1989 no era posible llevar a cabo, debido a la frontera de posibilidades técnica existente en aquel momento, hoy ya lo es. He ahí el por qué de encabezar ésta reseña con ese “Nemo tenetur ad impossibile”. Al igual que celebra el comunismo como una visión política adelantada a su época, Bastani considera que contiene en sí mismo el diseño del futuro. Un futuro hoy cancelado. Aunque este aspecto no esté muy desarrollado aquí.

Bastani además defiende la planificación económica como método para ello. Incluso plantea no solo las insalvables contradicciones del sistema productivo actual sino también sus contradicciones a nivel discursivo. Desde la demonización de la planificación económica, cuando en buena medida la economía actual está de facto planificada. Así como la contradicción que se manifiesta de la concentración de propiedad en pocas manos, cuando el liberalismo y el capitalismo se erigen en defensores de la propiedad individual.

Por ejemplo, tras la crisis de las hipotecas subprime, el número de propietarios de viviendas en USA está actualmente por debajo del que había en 1965 (1). Lo que, perdónenme por el autobombo, he bautizado como “socialismo en negativo”. El por qué de mi etiqueta es que debido a que el capitalismo, que tienen cómo uno de sus rasgos intrínsecos la concentración compulsiva de riqueza y propiedad, ha conseguido concentraciones inimaginables cuyos titulares en vez del Estado (la reducción ad absurdum habitual liberal) son un banco o un fondo de inversión.

Por lo tanto, el mayor éxito de la obra de Bastani es su intento por cambiar la percepción sobre el único modelo institucional, económico y político que puede solucionar esas cinco crisis. Ahora pasemos a los errores, que no son pocos.

Si fallan los presupuestos teóricos, fallan las propuestas

Bastani contrapone las siguientes tres formas de ver el futuro, las de Keynes, Marx y Peter F. Drucker. Fue Keynes, el economista liberal, quien considero que la premisa marginalista de la escasez, desparecería como consecuencia de los aumentos de la productividad. Mientras que Peter F. Druker, el teórico austriaco de la gestión, enuncio en 1993 que el conocimiento sería el recurso, más que un recurso más en las cadenas de producción.

Bastani considera acertadamente que en su predicción Keynes no tiene suficientemente en cuenta las contradicciones del capital, la competencia y la concentración de recursos. Asimismo, en el caso de Drucker, cita a Brad Delong y Larry Summer, quienes se quejaban de que debido al auge de Internet, la producción ya no cumpliría la condición básica para la eficiencia, ya que la información podría producirse sin costo y esto conllevaría consigo “que el mecanismo de precios mercantil como unidad de información se desmoronará” (p.65). Lo cual es falso, ya que el propietario de la última tecnología puede extraer las rentas de modo monopolístico. Un hecho que la economía política siempre ha tenido en cuenta. Y así lo demuestran Google, Facebook o Huawei y su posición actual en la economía mundial.

Además, si esto fuera así, ya hay factores de producción, como el aire o el agua en algunos casos a los que se accede a cambio de nada, y ello no ha conllevado el derrumbe del capitalismo.

Igualmente la comprensión de Bastani de la teoría laboral del valor es errónea. Bastani nos dice que «si el capital puede convertirse en mano de obra, si las herramientas producidas por humanos pueden realizar posteriormente cualquier tarea que ellos mismos completen, entonces, dentro de un sistema de mercado, el precio que un trabajador puede exigir por su tiempo colapsa» (p.70). El ámbito de la producción producida por herramientas, máquinas y tecnología se ha expandido exponencialmente bajo el capitalismo y continuará haciéndolo. ¿Y qué? Sigue habiendo una distinción fundamental entre máquinas y humanos dentro de la producción capitalista que ninguna cantidad de expansión cambiará: las relaciones de propiedad. Los humanos pueden poseer máquinas, pero las máquinas no pueden poseer humanos.

Parece no haber entendido que la plusvalía es una transferencia de propiedad, es decir, una transferencia de valor de una clase social a otra, y solo los humanos pueden producir ganancias. Si finalmente se excluye a los humanos del proceso de producción capitalista, no solo se colapsará la demanda de mano de obra, también lo hará la producción capitalista, ya que no habría ganancias que transferir. Como la fuente de ganancias habrá desaparecido, si las relaciones de propiedad capitalistas persisten, y Bastani nunca sugiere lo contrario, lejos de ser un comunismo automatizado del lujo, en realidad será un apocalípsis automatizado.

Bastani afirma que “frente a la oferta ilimitada y virtualmente libre de cualquier cosa, la lógica interna del capitalismo comienza a romperse. Esto se debe a que su presunción central es que la escasez siempre existirá» (p.137). En realidad la premisa para el capitalismo es que la producción de mercancías se lleva a cabo sin casi ningún límite asignable. Y a medida que la tecnología reduce el costo de la producción manufacturera, la producción de productos básicos se expandirá a nuevos dominios de producción previamente inimaginables, tal y como lo ha hecho en los últimos tres siglos.

Bastani señala el crecimiento del número de robots, la propagación de la energía solar y eólica, la posible extracción de minerales en asteroides, la manipulación genética de los humanos y la posibilidad de producir filetes en placas de Petri. Pero, ¿qué pasa con el programa político para éste movimiento FALC? ¿Cómo avanza la sociedad hacía eso? Bastani dibuja un FALC populista, e introduce al pueblo como actor político. De hecho nos dice que solo es posible llevarlo a un FALC diseñado desde el populismo. Un trazo grueso el suyo, que es incapaz de entender la polarización social que la división de la sociedad en clases capitalista produce dentro de ese mismo pueblo. No existe el 99% contra el 1%, es solo un slogan, y como slogan que es, es una falacia. La suya es pereza intelectual o no entiende que no es posible alcanzar el FALC como él propone, y que no se trata solo de «reemplazar un grupo de gobernantes por otro» (p.55). ¿Simplemente es eso? Ya que, según Bastani, la sustitución de una clase dominante por otra (es decir, la emancipación de la clase trabajadora) es inalcanzable, ya que «la mayoría de las personas solo serán políticamente activas por breves períodos de tiempo» (p.195) y, por lo tanto, la consecución del FALC será a través de la “vía electoral” (p.195) la cual “da forma a los parámetros de lo que es posible” (p.195). Bastani o no es consciente, o es un inocente sobre lo que ha consistido cualquier conquista de la clase trabajadora. Para terminar, Bastani aboga por un conjunto de reformas más o menos limitadas al manifiesto del Partido Laborista de 2017, además de algunas adiciones menores como propiedad de los trabajadores, un banco central mejorado, cierta renacionalización y municipalización, renta básica, servicios básicos garantizados y “una definición reelaborada del PIB” (p.233). La clase trabajadora apenas tiene agencia social en el esquema de Bastani, y en su punto más activo aparecen tan solo como votantes. El resto del tiempo son víctimas; de las cinco crisis y del avance tecnológico. El futuro que nos propone Bastani es simplemente un caso de esperar a que la tecnología entregue lo que él cree que la lucha de clases no podría lograr. Y esa proyección no está avalada por ningún proceso histórico previo de transformación social. Y la espera por ahora solo ofrece un panorama digno del “Steampunk”, ese subgénero de la ciencia ficción donde increíbles avances tecnológicos y un orden decimonónico dan forma al esquema institucional, económico y social vigente.

Citas

(1) Gopal, Prashant. “Homeownership Rate In The U.S. Drops To Lowest Since 1965”. Bloomberg News, 28 Julio 2016

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